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Son
seres bonachones, alegres y divertidos pero a la vez tímidos y escurridizos.
Si en alguna afortunada ocasión puedes toparte con uno de ellos
podrías reconocerlos por su original aspecto: calzas de piel, nariz
redonda, mofletes sonrosados, cuerpo cubierto de granos de uva,
alas y cabeza tocada con una hoja de vid.
El origen de los vinfos se pierde en la noche de los tiempos. Ya se
hablaba de su existencia en la cultura mesopotámica y de su expansión
por todas las zonas productoras de vino en todo el mundo.
Los vinfos se encargan de catar los primeros mostos una vez realizada
la reco- lección y el prensado de la uva. Durante los rigores del
invierno se recogen a vivir en bodegas y lagares ayudando al propietario
en las labores de elaboración y cuidado de los caldos.
Tan pronto llega la primavera trasladan su residencia a las tiernas
hojas de las viñas, donde se encargan de cuidarlas y luchar contra
el Mildeu y la Filoxera entre otros, esos terribles seres que siempre
quieren fastidiar a sus amigos los racimos de uva. Pero esta labor
de cuidado y protección también lo hacen extensible a todas las
personas que les rodean. Por ello, si te colocas su imagen en un
sitio visible, tu vinfo amigo te protegerá y hará realidad tus mejores
sueños.
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